La mente humana tiene una capacidad extraordinaria: puede pensar en cosas que no están ocurriendo. Gracias a ello planificamos, recordamos y anticipamos. Pero esa misma capacidad tiene un precio en la sexualidad. Permite que alguien se preocupe por perder una erección ahora basándose en lo que pasó hace meses, sin ninguna prueba de que vaya a repetirse.
El pensamiento aparece, suena convincente y la persona actúa como si ya fuera un hecho. Tensa el cuerpo, vigila, acelera o evita. Y el encuentro se organiza alrededor de algo que, en realidad, solo ha ocurrido dentro de su cabeza.
La defusión no consiste en cambiar lo que piensas. Consiste en cambiar la relación que tienes con lo que piensas.
Qué es la fusión cognitiva
Llamamos fusión cognitiva a la tendencia a tratar los pensamientos como si fueran realidades, y no productos de la mente. Cuando estamos fusionados, no vemos el pensamiento: vemos el mundo a través de él. En las dificultades sexuales, los pensamientos que más atrapan suelen ser muy parecidos:
Ninguno de ellos es el problema en sí. Aparecen en muchísimas personas. Lo que genera sufrimiento y bloquea la experiencia es la identificación con ellos y todo lo que se hace para controlarlos.
Por qué discutir con los pensamientos no funciona
La reacción natural ante un pensamiento molesto es intentar eliminarlo, rebatirlo o sustituirlo por otro más positivo. El problema es que la mente no funciona así.
Recursos de defusión que usamos en consulta
Existen muchas formas de practicar la defusión. Todas comparten un mismo objetivo: tomar cierta distancia del contenido verbal para que pierda su poder de dirigir la conducta. Algunas de las que utilizo con más frecuencia:
Hablar de ella como si fuera alguien distinto: «mi mente me estuvo diciendo toda la noche que iba a perder la erección». Se la escucha con educación, pero sin tomar su mensaje al pie de la letra.
Cuando empieza a parlotear sobre el fracaso: «gracias, mente, entiendo que intentas protegerme». Sin discutir, sin pelear. Solo con curiosidad: «¿algo más que quieras añadir?».
Tomar el pensamiento que más engancha y cantarlo con la melodía de una canción, muy rápido o muy lento. El contenido es el mismo; su impacto emocional, no.
Escribirlo en un papel, mirarlo como una página frágil de un manuscrito antiguo y llevarlo unos días en la cartera. No para que desaparezca, sino para aprender a llevarlo mientras sigues avanzando.
Otra forma sencilla es etiquetar lo que aparece: «ahí está otra vez la historia de que no soy suficiente». Reconocer la historia como historia ya introduce un pequeño espacio entre la persona y el pensamiento.
Cuándo se practica
No se trata de hacer estos recursos en mitad de una relación sexual. Sería muy difícil y, además, convertiría el encuentro en otra tarea que cumplir. Se practican antes y después, en los momentos en que aparecen las preocupaciones, y también en la vida cotidiana, más allá de la sexualidad.
Lo que sí aparece durante el encuentro es la habilidad que se ha ido entrenando: la capacidad de notar el pensamiento, reconocerlo y volver a lo que está ocurriendo. Con el tiempo, lo aprendido se generaliza y los pensamientos pierden influencia en muchos contextos, no solo en el sexual.
Lo que la defusión no es
- No es pensar en positivo. No se sustituye «voy a fallar» por «todo va a ir genial». Ambos son pensamientos, y ninguno tiene la última palabra.
- No es suprimir. No se busca que el pensamiento se vaya, sino que deje de mandar.
- No es convencerse de que no pasará. A veces lo que se teme ocurre. La defusión permite que, aun así, el encuentro pueda tener sentido.
- No es una técnica para rendir más. Si se usa para «conseguir» la erección o el orgasmo, vuelve a entrar en la misma lógica de control que mantiene el problema.
Cuando alguien empieza a ver sus pensamientos de fracaso como programas antiguos y no como profecías, suele ocurrir algo muy concreto: deja de pelearse con ellos, empieza a notar cuándo aparecen y, poco a poco, vuelve a centrarse en disfrutar. Los pensamientos siguen visitándole. Ya no deciden por él.
Tu mente puede seguir diciendo «vas a fallar». La pregunta es si vas a dejar que ese pensamiento decida por ti cómo vives tu sexualidad.
¿Hay una voz que te anticipa el fracaso antes de cada encuentro?
No hace falta callarla para volver a disfrutar. Puedo ayudarte a que deje de decidir por ti.
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